La vida comienza con la muerte
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Un equipo de científicos rusos se topó con un alijo de semillas que habían sido escondidas por ardillas. Lo sorprendente es que las semillas habían sido enterradas por ardillas hace miles de años cerca de las orillas del río Kolyma, en Siberia. Las semillas estaban encerradas en hielo a 38 metros por debajo del permafrost y rodeadas de capas de huesos de mamuts, bisontes y rinocerontes lanudos.
Lo que resultó aún más sorprendente de estas semillas antiguas fue que el equipo ruso pudo extraer de ellas material vegetal viable, colocarlo en viales y germinar con éxito las plantas. Las plantas eran idénticas a la S. stenophylla moderna, salvo que las flores tenían una forma ligeramente diferente. Las plantas crecieron bien, florecieron y, al cabo de un año, produjeron sus propias semillas.
Para mucha gente resulta extraña la idea de que la vida comience con la muerte, pero es una verdad alentadora para el cristiano. Sabemos bien que «la paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23). Pero, ¿cómo surge la vida de la muerte? Cristo ilustra esto mediante una semilla. «De cierto, de cierto os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto» (Juan 12:24).
El apóstol Pablo explicó que «así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte», así también «por la obra justa de un solo hombre vino el don gratuito a todos los hombres» (Romanos 5:12, 18). Esta obra justa fue la muerte de Cristo en el Calvario, y el don gratuito es la vida eterna (Romanos 6:23).
Pero hay otra muerte que debe tener lugar para recibir este don: la muerte al yo. Pablo nos dijo: «He sido crucificado con Cristo; ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20). ¡Esto añade un nuevo significado a la idea de que estamos muriendo para vivir!
Aplícalo:
Planta una semilla esta semana y recuerda que es a través de la muerte que podemos vivir.
Profundiza:
Deuteronomio 30:19; Juan 5:24; Romanos 5:10