¿Debería demandarse a Luisiana por su nuevo proyecto de ley sobre los Diez Mandamientos?

¿Debería demandarse a Luisiana por su nuevo proyecto de ley sobre los Diez Mandamientos?

En aquellos tiempos en que masticar chicle y hacer bolas de papel masticado eran algunas de las peores faltas en el aula, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dictaminó que el estado de Kentucky ya no podía obligar a sus escuelas a exhibir los Diez Mandamientos.

Eso fue en 1980. Hoy en día, cuando las escuelas públicas de Estados Unidos parecen estar en un estado de deterioro moral, ¿quién se opondría a que la ley de Dios volviera a las aulas?

Sin embargo, hay quienes se oponen en Luisiana. Después de que el gobernador Jeff Landry firmara recientemente un proyecto de ley que exige que se expongan los Diez Mandamientos en todas las aulas de las escuelas públicas, el estado fue demandado por supuestamente violar el principio constitucional de la separación entre Iglesia y Estado.

Y justo la semana pasada, el máximo responsable de educación de Oklahoma emitió una directiva para que las escuelas públicas enseñen la Biblia y los Diez Mandamientos a partir de este otoño. ¿También demandarán a Oklahoma?


Un muro de separación

Aunque la mayoría de los estadounidenses están familiarizados con la frase «la separación entre Iglesia y Estado», muy pocos conocen sus orígenes. El concepto fue articulado por primera vez por Roger Williams, un ministro puritano que se enfrentó a sus compañeros colonos por argumentar que al gobierno no le incumbe regular la relación de una persona con Dios.

Williams, blanco de la persecución religiosa, sabía por experiencia la importancia de mantener al Estado al margen de la Iglesia. Tras afirmar que a los «no salvados» no se les debía negar el derecho al voto y que el Estado no debía procesar a las personas por violar normas puramente religiosas, fue expulsado de la bahía de Massachusetts por estas ideas «novedosas y peligrosas». Obligado a huir en el invierno de 1636, acabó encontrando refugio entre algunas tribus en un lugar al que más tarde llamaría Providence. Se convirtió en una colonia que acogió no solo a cristianos, sino también a judíos, cuáqueros y deístas.

Williams y sus seguidores optaron por establecer un nuevo tipo de gobierno, cuyos poderes se limitaban a los asuntos civiles y cuya autoridad derivaba de la población local, en lugar de magistrados que afirmaban haber sido designados por Dios. Sabía que el modelo de sociedad de Massachusetts, donde el Estado imponía una práctica teológica concreta, no mejoraría el mundo, sino que empeoraría la Iglesia. Por ello, abogó por un«muro de separación entre el jardín de la Iglesia y el desierto del mundo».

Más tarde, en 1802, Thomas Jefferson utilizó la metáfora del «muro de separación» de Roger Williams en una carta a los bautistas de Danbury, en Connecticut. «Compartiendo con ustedes la creencia de que la religión es un asunto que atañe únicamente al hombre y a su Dios», escribió, «contemplo con suma reverencia aquel acto de todo el pueblo estadounidense que declaró que su legislatura no debía “promulgar ninguna ley que establezca una religión o que prohíba el libre ejercicio de la misma”, erigiendo así un muro de separación entre la Iglesia y el Estado».

Aquí Jefferson citaba las cláusulas religiosas de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. La Cláusula de Establecimiento prohíbe al Estado promover ninguna religión, mientras que la Cláusula de Libre Ejercicio protege el derecho de los ciudadanos a practicar su culto como les plazca.


Establecer la civilidad, no la religión

En relación con la demanda actual contra el estado de Luisiana, cabe preguntarse: «¿Se obligará a los estudiantes a adorar al Dios de la Biblia simplemente porque estarán expuestos a un cartel de los Diez Mandamientos?».

El proyecto de ley establece que los mandamientos deben exhibirse en cada aula a más tardar el 1 de enero de 2025, «en una tipografía grande y fácilmente legible». Según la demanda, «colocar de forma permanente los Diez Mandamientos en todas las aulas de las escuelas públicas de Luisiana —haciéndolos inevitables— ejerce una presión inconstitucional sobre los estudiantes para que practiquen la religión, la veneren y adopten las escrituras religiosas preferidas por el Estado».

Pero, de nuevo, ¿se presionará a los alumnos «para que practiquen la religión»? No según el proyecto de ley. Su propósito, más bien, es educar a los alumnos sobre los documentos históricos de nuestra nación. De hecho, el proyecto de ley incluye una reseña de tres párrafos sobre la historia de los Diez Mandamientos en la educación pública estadounidense que debe figurar en cada exposición.

De manera similar, la ley de Kentucky que fue anulada en el caso Stone contra Graham (1980) exigía la siguiente nota en letra pequeña al pie de cada exposición: «La aplicación secular de los Diez Mandamientos se aprecia claramente en su adopción como código legal fundamental de la civilización occidental y del derecho consuetudinario de los Estados Unidos».

Pero, ¿cómo puede una ley bíblica tener una «aplicación secular»? ¿No violaría eso la Cláusula de Establecimiento?

¿Cómo puede una ley bíblica tener una aplicación secular?

Además, el propio Roger Williams dividió el Decálogo en dos, aplicando la«Segunda Tabla»a las «responsabilidades naturales del Estado».

Por cierto, el apóstol Pablo solo cita los últimos cinco mandamientos después de hablar sobre el papel del gobierno. Tras decir que «las autoridades… son designadas por Dios» y que «los que se resisten atraerán juicio sobre sí mismos» (Romanos 13:1, 2), continúa hablando de cómo debemos amar a nuestro prójimo (vv. 8–10).

También le escribió a Timoteo que en los últimos días «los hombres serán amadores de sí mismos» (2 Timoteo 3:1, 2). Quizás la eliminación de la ley de Dios de los lugares públicos sea una señal de los tiempos.

Para saber más sobre los Diez Mandamientos, echa un vistazo a la serie de vídeos del pastor Doug titulada «Los Diez Mandamientos: Leyes de amor y libertad».

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