Nación de la protesta: Independencia de Estados Unidos

Nación de la protesta: Independencia de Estados Unidos

En el Día de la Independencia de este año, quizá lo que sonó más fuerte que cualquier campana de la libertad o fuegos artificiales fue el grito de los manifestantes. Aunque el 4 de julio siempre se ha celebrado como un día de orgullo nacional, las encuestas recientes revelan que «el sentimiento patriótico se encuentra quizá en su nivel más bajo de la historia».

Entre ellas se encuentra una encuesta de Gallup, realizada entre el 28 de mayo y el 4 de junio de este año, según la cual el 78 % de los estadounidenses se mostraba «insatisfecho con la forma en que van las cosas en Estados Unidos en este momento».

Esto queda patente en las manifestaciones a nivel nacional, que siguen con fuerza a pesar del último repunte de la COVID-19 y el consiguiente refuerzo de las restricciones de distanciamiento social.

«Una protesta en Los Ángeles el 1 de julio atrajo a miles de personas horas después de que el gobernador de California, Gavin Newsom, desaconsejara a los residentes celebrar reuniones por el Día de la Independencia con personas ajenas a su núcleo familiar», afirma la revista digital National Review.

Y aunque la policía de Seattle dispersó la Capitol Hill Organized Protest (CHOP) —también el 1 de julio— tras casi un mes de ocupación, los manifestantes han seguido enfrentándose a la policía. «Vamos a seguir marchando por el cambio y, hasta que se cumplan algunas de nuestras reivindicaciones, estaremos aquí todos los días», dice un manifestante a South Seattle Emerald.

Parece que el descontento de la población está generando fuertes vientos de cambio. Según The New York Times, «muchos siguen siendo optimistas sobre el futuro del país y ven este momento de pandemia, devastación económica y malestar social como una oportunidad para el progreso, una oportunidad que ellos pueden ayudar a moldear».


Los hijos de la revolución

Ya sabes lo que viene a continuación. Lo has oído antes: el sentimiento tan repetido de que Estados Unidos se construyó a costa de los disidentes y con la sangre de las fuerzas rebeldes. ¿Qué puede ser más «estadounidense» que protestar? Bueno, echemos un vistazo más de cerca.

Comparemos nuestra Revolución Americana con la que los historiadores suelen llamar su hermana pequeña, la Revolución Francesa. No solo se solaparon en el tiempo, sino que sus motivos eran sin duda similares: discriminación fiscal, descontento con la monarquía, derechos humanos. Ambas se hicieron eco del grito de los oprimidos.

Arc de Triomphe

Pero hay una diferencia fundamental: «La Revolución Americana no declaró su independencia de Dios; la Revolución Francesa sí lo hizo».Y eso marcó toda la diferencia.

Basta con fijarnos en los resultados. La Revolución Francesa, cuyos partidarios adoraban a «la diosa de la razón», desembocó en el Reinado del Terror, en el que 17 000 personas fueron ejecutadas en la guillotina y cientos de miles más fueron asesinadas. A continuación vino la dictadura de Napoleón Bonaparte, que duró una década. Ahí quedaron las protestas por la libertad.

Por el contrario, la Revolución Americana, librada y ganada en nombre de «la creencia de que los derechos del hombre no provienen de la generosidad del Estado, sino de la mano de Dios», dio origen a lo que se convertiría en la nación más próspera y poderosa del mundo. Hoy en día, la gente sigue renunciando a todo solo por la oportunidad de una vida en Estados Unidos. De hecho, según el Centro de Investigación Pew, con más de un millón al año, «Estados Unidos tiene más inmigrantes que cualquier otro país del mundo».

La gente protesta. Eso no define nuestra identidad como estadounidenses; lo que define nuestra identidad es aquello contra lo que protestaron los Padres Fundadores. La Declaración de Independencia afirma: «Todos los hombres son creados iguales; […] son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; […] entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad». Un estadounidense es alguien que cree en la libertad de cada persona para vivir y en la libertad de elegir. Incrustada en esas libertades está la creencia en —sí— el Creador, Dios.

La visión bíblica del cambio

¿Y qué hay de las protestas actuales en Estados Unidos? El periodista Dave Seminara ofrece esta solemne advertencia: «Ninguna nación puede prosperar si demasiados de sus ciudadanos ya no la aman». De hecho, los estadounidenses están ciertamente poco entusiasmados con su país, y está claro que quieren un cambio. ¿Estamos a punto de ver el nacimiento de una América fundamentalmente diferente? Si la guillotina erigida frente a la mansión del director ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, en Washington D. C., es indicativa de algo, así parece.

¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca!

«Arrepentíos», dijo Jesús, «y creed en el evangelio» (Marcos 1:15). «¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca!» (Mateo 3:2), clamó Juan el Bautista. «Arrepentíos», dijo igualmente el apóstol Pedro, «y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados» (Hechos 2:38).

En las calles, en los medios de comunicación, en las más altas esferas del gobierno, la gente exige reformas: en las fuerzas del orden, en las empresas, en la propia América. Y mientras tanto, la voz suave y apacible de Dios pide, en cambio, la reforma de cada corazón: «Confesaos vuestras faltas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados» (Santiago 5:16).

En esta cultura de la cancelación, qué fácil es olvidar que el Salvador del mundo fue «herido por nuestras transgresiones, … molido por nuestras iniquidades. … Fue oprimido y afligido» (Isaías 53:5, 7, énfasis añadido) por mi culpa, por tu culpa.

¿Cómo sería Estados Unidos si en cada boca y en cada corazón hubiera esta oración: «Examíname, oh Dios, […] ve si hay en mí algún camino perverso, y guíame por el camino eterno» (Salmo 139:23, 24)?

¿Quieres ese tipo de cambio? Echa un vistazo a nuestros vídeos gratuitos en línea, «Arrepentimiento verdadero»y «Transformado al contemplarlo». Podrías recibir el mejor cambio de todos: la conversión.

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