Un programa informático determina que un condenado por asesinato es inocente
Lydell Grant, de Houston (Texas), tenía pensado comer mucho pavo este pasado Día de Acción de Gracias. Puede que eso no parezca nada extraordinario, pero para Grant fue algo muy especial.
Había salido en libertad bajo fianza tras cumplir 10 años de una condena a cadena perpetua por un asesinato que no cometió. Después de que una organización conocida como el Proyecto Inocencia investigara el caso de Grant, utilizó un nuevo algoritmo informático llamado TrueAllele para volver a analizar el ADN de Grant. ¿Los resultados de la nueva prueba? El ADN de Grant no coincidía con el del presunto asesino. A continuación, un juez ordenó la puesta en libertad de Grant.
El factor humano en nuestro sistema judicial
«Ahora me siento libre. Ha tardado mucho en llegar», declaró Grant a KPRC-TV en Houston. «Siempre mantuve mi inocencia. Doy gracias a Dios por el Innocence Project. Creyeron en mí. Se hicieron cargo de mi caso y lo resolvieron».
TrueAllele no solo fue fundamental para limpiar el nombre de Grant, sino que también ayudó a los científicos a relacionar el ADN con otro hombre, Jermarico Carter, que abandonó Houston poco después del asesinato. Un mes después de los nuevos resultados de las pruebas, Carter confesó el crimen, lo que dio inicio a los trámites para la exoneración total de Grant.
La odisea de Grant comenzó en 2010, cuando un hombre llamado Aaron Scheerhoorn fue apuñalado varias veces a la salida de un bar de Houston. Los testigos presenciales describieron al agresor como un hombre negro, de unos 1,80 m de altura y entre 25 y 30 años. Grant, que entonces tenía 33 años y antecedentes penales, fue detenido. Identificado por la mayoría de los testigos en una rueda de reconocimiento fotográfica, fue juzgado, y el testimonio de su coartada no logró convencer al jurado. Grant fue condenado a cadena perpetua.
Grant atribuyó a su fe el haberle ayudado a sobrevivir a un encarcelamiento injusto: «Los últimos nueve años, tío, me sentí como un animal en una jaula, sobre todo sabiendo que yo no lo había hecho», declaró a los periodistas. «Sabiendo que el verdadero asesino seguía campando a sus anchas por las calles. Sabiendo que mi familia estaba sufriendo. Fue duro. Pero con Dios, tengo que seguir diciendo, con Dios, todo, todo salió bien».
En los años transcurridos desde el encarcelamiento de Grant, se ha producido una notable mejora en el campo de la ciencia forense, ya que los programas informáticos han sustituido a los analistas humanos. Pero este reciente avance también plantea la pregunta: ¿cuántas otras personas han sido condenadas injustamente debido a un error humano?
Al parecer, puede haber miles de presos condenados injustamente solo en el sistema de Texas. El Proyecto Inocencia y organizaciones similares tienen sin duda mucho trabajo por delante.
Pero también existe una creciente controversia en torno a TrueAllele y programas informáticos similares. El complejo código fuente de TrueAllele solo se revela a su propia empresa y, por lo tanto, no está a disposición de partes como, por ejemplo, la fiscalía. Para que estos programas sean totalmente fiables e imparciales, dicen otros, sus códigos fuente deben hacerse públicos. Una vez más, nos topamos con el problema del error humano, ya sea accidental o intencionado.
¿Cómo puede un cristiano estar seguro en el juicio?
El delito que demuestra nuestro ADN
Así que el problema, como de costumbre, recae sobre nosotros, la humanidad caída. Y el hecho es que todo ser humano que haya vivido jamás, desde la época de Adán y Eva hasta hoy, lleva consigo una sentencia inherente: «Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios», dice Romanos 3:23. Todos somos culpables de pecado. Aunque Lydell Grant no era culpable del asesinato de Scheerhoorn, sí era culpable de otros delitos: delitos como robo agravado, consumo de drogas y hurto. Aunque quizá no seamos condenados por nuestros delitos, estamos en la misma situación que Grant: ninguno de nosotros es inocente.
Ninguna cantidad de servicio comunitario, ninguna duración de la estancia en prisión, ni siquiera una pena de muerte terrenal puede pagar por estas faltas. El veredicto dictado en Romanos 6:23 afirma: «Porque la paga del pecado es muerte». Esa muerte no es meramente la muerte que llega a toda carne en esta vida; es la segunda muerte, la separación eterna de Dios. Ese es el precio que hay que pagar.
Sin embargo, hay buenas noticias. La segunda parte de Romanos 6:23 dice: «pero la dádiva de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor». Dios nos ha dado una salida del pecado y de su sentencia.
Solo cuando Jesús regrese será cuando el pecado sea finalmente erradicado por completo.
Por mucho que intentemos eliminar el error humano, por muchos algoritmos informáticos que se utilicen, seguirá habiendo injusticia. Solo cuando Jesús regrese será cuando el pecado sea finalmente erradicado por completo. Pero a través de Dios, cada uno de nosotros puede obtener la victoria sobre el pecado en nuestras vidas ahora mismo, ¡aquí mismo, en esta tierra! Ve otro mensaje de esta serie,«Sin condenación», para una lección de vital importancia sobre Romanos 8 que trata precisamente este tema. Como dice el pastor Doug: «Es Dios quien obra a través de ti por medio del Espíritu Santo, y es Él quien puede fortalecerte para obedecer y resistir la tentación. Y, por supuesto, el Espíritu Santo está disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana, en todo momento y en todo lugar».
Lydell Grant espera ansiosamente su exoneración total aquí y ahora, pero el verdadero juicio para cada uno de nosotros aún está por llegar. ¿Quieres ser exonerado por completo ante Dios? Puedes hacerlo, a través de nuestro Salvador, Jesucristo.
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