¿Cómo ayudas a las personas que han tenido experiencias negativas con la Iglesia?

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En el capítulo 15 del Evangelio de Lucas, Jesús cuenta una parábola sobre una oveja perdida. En la historia, el pastor la busca sin descanso hasta que la encuentra. Entonces la carga sobre sus hombros y la lleva con cariño de vuelta a casa. El Señor quiere que sigamos su ejemplo y enviemos grupos de búsqueda para encontrar a las ovejas perdidas que hay entre nosotros. Estas ovejas perdidas son nuestros vecinos, amigos y familiares que se han alejado del rebaño.

Aquí tienes algunas formas concretas en las que puedes ayudar a alguien que ha abandonado la iglesia:

En primer lugar, reza por ellos. Dios promete: «Si mi pueblo, sobre el que se invoca mi nombre, se humilla, ora, busca mi rostro y se aparta de sus malos caminos, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7:14). La oración es poderosa.

¡Invítales a volver! El mayor problema al que se enfrentan los antiguos miembros es cómo volver a conectar con la iglesia. Es posible que estén esperando una invitación, así que tú puedes ser quien les ayude a encontrar el camino de vuelta. En algunos casos, una llamada telefónica amistosa o una visita pueden ser todo lo que se necesita. Recuerda tratar a los miembros ausentes como te gustaría que te trataran a ti. Ofréceles una invitación cálida y sin presiones. Sé cariñoso y no los juzgues, y deja espacio para que el Espíritu Santo obre en sus corazones.

También debemos «acogerlos unos a otros, tal como Cristo nos acogió» (Romanos 15:7). Estad preparados para recibir con los brazos abiertos a quienes regresen, tal y como el padre recibió al hijo pródigo (Lucas 15:20). El pastor de la parábola de Jesús convocó a sus amigos y vecinos para celebrar. Les dijo: «¡Alégrense conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido!».

Al final de la parábola, Jesús dice: «Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse» (Lucas 15:7). ¿No deberíamos sentir lo mismo? ¡Imagina cómo se sentiría una persona si toda la iglesia se reuniera para celebrar su regreso!