Sin estar preparados: miles de personas mueren en Libia durante la noche

Sin estar preparados: miles de personas mueren en Libia durante la noche

El 9 de septiembre comenzó a caer una lluvia ligera sobre la costa norte de Libia, pero la tormenta Daniel no tardó en intensificarse. El viento y la lluvia azotaron la zona durante toda la noche, creando lagos de kilómetros de extensión en zonas que suelen ser desérticas en esta época del año y provocando una crecida repentina que se ha cobrado miles de vidas.

En la ciudad portuaria de Derna, las lluvias llenaron rápidamente el wadi, un cauce seco, que atraviesa su centro. Eso en sí mismo no es inusual; los residentes están acostumbrados a ver fluir el río en determinadas épocas del año. Pero las aguas crecieron rápidamente a medida que avanzaba la noche. Al mismo tiempo, los funcionarios del Gobierno instaron a los residentes a permanecer en sus hogares.

Amna Al Ameen Absais, una estudiante de medicina de 23 años, y sus hermanos menores se dirigieron a los pisos superiores de su edificio de apartamentos mientras el agua seguía subiendo. Entonces, alrededor de las 2:00 de la madrugada, oyeron una «explosión»: dos presas situadas río arriba de la ciudad habían cedido, liberando el equivalente a 12 000 piscinas olímpicas sobre la ciudad dormida. Barrios enteros quedaron arrasados por la vertiginosa pared de agua.

Amna y sus hermanos observaron horrorizados cómo se derrumbaba el edificio de sus vecinos. «Parecía un terremoto», dijo Amna. «A esa familia aún no la han encontrado».

«Una ola de 7 metros [23 pies] de altura arrasó edificios y arrastró las infraestructuras al mar», afirma Yann Fridez, jefe de la delegación de Libia del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que tenía un equipo en Derna cuando se produjeron las inundaciones. «Ahora hay familiares desaparecidos, los cadáveres están llegando a la costa y las casas están destruidas».


Las divisiones políticas dificultan las labores de rescate

Según las Naciones Unidas, el número de muertos asciende ya a 11 300 personas. Al menos 10 000 siguen desaparecidas; otras 30 000 han sido desplazadas. Se prevé que estas cifras sigan aumentando.

Una semana después, los equipos de búsqueda y rescate siguen peinando los escombros en busca de supervivientes, aunque las posibilidades de encontrar a alguien con vida disminuyen con cada hora que pasa. Se están encontrando cadáveres entre los restos de coches retorcidos, hojas de palmera y hormigón destrozado. Se están utilizando fosas comunes para enterrar a los muertos.

Los esfuerzos por ayudar y hacer llegar la ayuda a los supervivientes se han visto ralentizados por los daños en las infraestructuras causados por las inundaciones, y por las autoridades rivales. Según AP News, «el este de Libia ha estado bajo el control del general Khalifa Hifter y su autodenominado Ejército Nacional Libio. Un gobierno rival, con sede en la capital, Trípoli, controla la mayor parte de los fondos nacionales y supervisa los proyectos de infraestructura. Ninguno de los dos tolera la disidencia».

Los informes indican que en 2012 se destinaron fondos para reforzar las presas que se rompieron durante la tormenta, pero las obras no se llevaron a cabo. Las autoridades libias han abierto una investigación sobre el asunto y advierten de que procesarán a quienes hayan sido negligentes en el mantenimiento de las presas.


Advertencias no transmitidas

Fuentes sobre el terreno y declaraciones públicas de las autoridades libias revelan también que los funcionarios locales y estatales no actuaron ante información que podría haber salvado muchas vidas. Tanto en las horas previas al desastre como en la fatídica noche, el Gobierno optó por actuar de forma reactiva en lugar de proactiva. El alcalde de Derna, Abdel Moneim al-Ghaithi, animó a los residentes a permanecer en sus hogares a pesar del aumento del nivel del agua y de los informes que indicaban que las presas río arriba no eran seguras.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también ha señalado que gran parte de la pérdida de vidas en Derna podría haberse evitado si el servicio meteorológico libio hubiera funcionado como debía. «Podrían haber emitido alertas», afirmó el secretario general de la OMM, Petteri Taalas. «Las autoridades de gestión de emergencias habrían podido llevar a cabo la evacuación de la población. Y podríamos haber evitado la mayoría de las víctimas mortales».


Un sistema de alerta divino

«Todo esto es el principio de los dolores».

No pasará mucho tiempo hasta que «todo ojo» vea a Jesús venir en las nubes para llevar a sus hijos a casa. Sin embargo, este mismo acontecimiento que transmite esperanza a los corazones creyentes también hará que «las tribus de la tierra se lamenten» (Apocalipsis 1:7). Para la mayoría de los habitantes de la Tierra, la Segunda Venida será como una inundación abrumadora que destruye todo a su paso. No habrá alegría para aquellos que han rechazado su misericordia.

Dios nos ha llamado a ser su sistema de alerta. Muchas personas no reconocen la creciente marea de pecado y peligro. ¿Responderemos al llamado de Dios para unirnos a Él en advertir a las almas descarriadas de su perdición si persisten en la rebelión contra su Creador? No es el deseo de Dios que nadie perezca (2 Pedro 3:9).

Hagamos que nuestra prioridad diaria sea invitar con amor a quienes nos rodean a buscar refugio en Cristo, para que puedan estar a salvo de «la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:10).

¿No sabes cómo compartir tu fe de una manera eficaz? Mira«Desarrollar una actitud ganadora»para aprender más sobre cómo hablarle a la gente de Jesús de una manera que los atraiga hacia Él en lugar de repelerlos.

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