Superar la muerte: ¿Podemos alcanzar la inmortalidad gracias a la ciencia?
¿Qué tiene en común un antiguo texto babilónico con una novela gráfica recientemente publicada por Marvel Comics y con un proyecto de investigación en curso del gigante de Silicon Valley, Google?
Todos tratan el mismo tema: la búsqueda de la inmortalidad.
Seamos sinceros: incluso en nuestros primeros años, nos cuesta mucho afrontar la cruda y fría realidad de la muerte, especialmente la nuestra. Odiamos y tememos la muerte como a casi nada más; la mayoría de las veces, hacemos todo lo posible por no pensar en ella. Pero cuando lo hacemos, intentamos suavizarla: «La muerte es solo parte de la vida», decimos para intentar sentirnos mejor.
Pero ese cliché es, bueno, totalmente erróneo.
La muerte no es parte de la vida. Es lo contrario —la ruina de la vida, la negación de la vida—; lo único inevitable que puede hacer que nuestras vidas parezcan tan insignificantes como un zorrillo aplastado al borde de una carretera. Incluso el repaso más superficial de los escritos de los secularistas sobre el sentido de la vida revela un tema recurrente, si no dominante: el odiado hecho de que ellos y todos sus conocidos, tarde o temprano, estarán muertos y fríos; todos los recuerdos de todos sobre todos y todo se perderán para siempre.
El ateo francés Luc Ferry escribe en su libro Una breve historia del pensamiento (Aprender a vivir) que el fundamento de la búsqueda filosófica humana del sentido y el propósito de la vida se reduce a abordar una cuestión: «Esta combinación del hecho de la mortalidad con nuestra conciencia de la mortalidad contiene todas las cuestiones de la filosofía» (p. 13, edición Kindle).
Para Ferry y otros, la principal cuestión filosófica es cómo vivir con la inevitabilidad de la muerte. Responde a eso y, voilà, habrás encontrado el sentido de la vida.
Sin embargo, para otros, eso no es solución alguna. No quieren aprender a vivir con la muerte. Al contrario, quieren vencer a la muerte, acabar con ella y, así, vivir para siempre.
Y muchos creen que la tecnología les permitirá, algún día no muy lejano, hacer precisamente eso.
La búsqueda de la inmortalidad
La revistaTIME publicó una vez un artículo de portada titulado «¿Puede Google resolver la muerte?». El subtítulo decía: «El gigante de las búsquedas está lanzando una iniciativa para prolongar la esperanza de vida humana. Sería una locura… si no fuera Google».
¿Google resolviendo la muerte? La mayoría de nosotros ya estaríamos contentos si tan solo pudiera proteger nuestros datos. Aunque ese artículo se publicó hace una década y, por lo que sabemos, Google aún no ha resuelto el problema de la muerte, eso no significa que ni ellos ni otros emprendedores y visionarios tecnológicos se hayan rendido.
Un titular más reciente decía: «La inmortalidad es alcanzable para 2030: científico de Google». El artículo analiza las opiniones del antiguo ingeniero de Google Ray Kurzweil, «el principal inventor del primer escáner plano CCD, del primer reconocimiento óptico de caracteres omnifont y de la primera máquina de lectura de texto a voz para ciegos», quien predice que para 2030 «alcanzaremos un hito crucial en nuestro progreso tecnológico: la inmortalidad». Basa su predicción en el avance exponencial de la humanidad en los campos científicos de la genética, la nanotecnología y la robótica, que, en su opinión, culminarán en la creación de lo que él denomina «nanobots».
Otros comparten esta misma búsqueda. «The Immortality Project» fue una iniciativa de investigación de tres años que estudió las formas en que los seres humanos podrían alcanzar la vida eterna. Un titular de la CNBC reza: «La búsqueda de la vida eterna en Silicon Valley podría beneficiar a la humanidad en su conjunto: he aquí el porqué». El artículo revela que numerosos multimillonarios, muchos de ellos también de Silicon Valley, están intentando ayudar a los seres humanos a «engañar a la muerte», ya sea viviendo mucho más tiempo o incluso para siempre.
Una medida provisional entre la muerte y la vida inmortal es la criónica, que consiste en congelar el cuerpo tras la muerte con la esperanza de revivirlo cuando la tecnología permita que la persona siga viviendo. En algunos casos, simplemente congelan la cabeza con la idea de que algún día todo el cableado cerebral —denominado conectoma— pueda escanearse y cargarse en un ordenador, que entonces contendría la conciencia de esa persona. Solo sería cuestión de mantener el hardware, que, en principio, podría sustituirse indefinidamente. (Hasta ahora, sin embargo, el único conectoma que se ha cartografiado por completo es«el gusano redondo C. elegans, un organismo de un milímetro y medio».
En la película Transcendence, de 2014, protagonizada por Johnny Depp, la «conciencia» de un científico se carga en un ordenador. Pero, por ahora, esta idea descabellada —que tu conciencia exista en un ordenador— sigue perteneciendo al ámbito de la ciencia ficción.
La promesa de la vida eterna
Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá.
A pesar de todo el dinero que estos investigadores están invirtiendo en sus proyectos, no sería prudente depositar muchas esperanzas en que Silicon Valley llegue alguna vez a vencer a la muerte. Pero para aquellos que conocen el evangelio, que saben lo que Jesucristo hizo por nosotros en el Calvario, no necesitamos estas promesas descabelladas. Más bien, Él nos promete que «el último enemigo que será destruido es la muerte» (1 Corintios 15:26).
Jesús dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá» (Juan 11:25). ¿Qué significa esto realmente? Para saber más sobre la gran esperanza que podemos tener en Jesús, incluso ante la muerte, lee nuestro fascinante estudio titulado «¿Están realmente muertos los muertos?».
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