Una adolescente sigue su instinto de buena samaritana: ¿habrías arriesgado tu vida?
Cualquier persona de buen corazón sacrificaría un poco de tiempo o dinero para ayudar a alguien que lo necesite. Pero cuando ayudar a alguien supone un riesgo para la propia seguridad, se pone de manifiesto un tipo diferente de bondad.
Así ocurrió cuando una joven de 17 años se puso en peligro para ayudar a un agente de policía herido. Mientras estaban de compras en Excelsior Springs, Misuri, Ava Donegan y su novio se vieron de repente en medio de la escena de un crimen en uno de los cruces más transitados de la ciudad. Estaban esperando en el semáforo cuando un hombre desde un vehículo situado justo detrás del suyo disparó contra un agente de policía que intentaba detenerlo. Otro agente que se encontraba detrás respondió al fuego, disparando al sospechoso.
Donegan y su novio se agacharon tras ver cómo el agente salía de su coche patrulla y se desplomaba por los disparos. Le habían alcanzado en el hombro derecho y en la mano izquierda. Esta es su descripción de lo que ocurrió a continuación:
«De alguna manera, parpadeé y el policía al que habían disparado estaba justo delante de mi coche. Me pedía que saliera y le ayudara a ponerse el torniquete. Me dijo que estaba completamente entumecido y que tenía la mano totalmente flácida».
Sin saber que la amenaza había sido neutralizada —sin estar segura de si seguirían volando más balas—, Donegan salió de su vehículo para ayudar al agente herido. Gracias a la formación de su padre en primeros auxilios de emergencia, esta adolescente sabía qué hacer. (Su padre es enfermero de cuidados intensivos y había enseñado a su familia a usar un torniquete.) Le quitó el chaleco de protección al agente y le colocó el torniquete en el brazo derecho. También utilizó su radio para avisar a los operadores.
«De alguna manera tengo las manos llenas de sangre. De alguna manera hay sangre en mi coche», recordó Donegan más tarde. «Cuando me di cuenta de que necesitaba ayuda, todo fue instintivo».
Dos instintos opuestos
Donegan es solo una de las muchas buenas samaritanas que han aparecido en las noticias de los últimos meses. El 10 de septiembre, cuatro buenos samaritanos en Ohio se detuvieron para ayudar a una agente de policía que luchaba por detener a un sospechoso durante un control de tráfico. El 28 de septiembre, unos cuantos buenos samaritanos en Florida se lanzaron a las aguas de la inundación para rescatar a un anciano de su vehículo durante el huracán Ian. Y el 23 de octubre, un buen samaritano en Iowa salvó a cuatro hermanos de un incendio en su casa después de, afortunadamente, girar por la calle equivocada.
Este instinto del buen samaritano, ¿de dónde proviene? ¿No tiene acaso un origen divino en Aquel «que andaba haciendo el bien» (Hechos 10:38)? Según Juan 1:9, Jesús es la Luz que ilumina a toda persona en el mundo. Y según Mateo 5:16, la luz se asocia con las buenas obras. Por supuesto, cualquier persona puede realizar un servicio aparentemente bueno por una razón maliciosa. Los escribas y los fariseos eran conocidos por tal hipocresía. Pero para ser bueno a los ojos de Dios, el servicio debe basarse en el principio del sacrificio de uno mismo.
Desgraciadamente, dado que el corazón humano es «engañoso más que todas las cosas y perverso» (Jeremías 17:9), otro instinto se opone al del buen samaritano: el principio de la autoconservación. Aunque este instinto desempeña un papel vital en la protección de los seres humanos —impulsándolos, por ejemplo, a pisar el freno en una curva cerrada o a cambiar su estilo de vida tras un diagnóstico que pone en peligro la vida—, a menudo les impide ser buenos samaritanos. La inclinación del corazón humano es buscar el propio bienestar por encima del de los demás (1 Corintios 10:24).
De ahí el sacerdote y el levita de la parábola del buen samaritano, recogida únicamente en el Evangelio de Lucas. Cuando, por turnos, descubren a la víctima que ha sido despojada, golpeada y abandonada a su suerte al borde del camino, pasan de largo por el otro lado (10:30–32). Sin embargo, el samaritano, supuestamente un pagano a los ojos de los otros dos, no duda en sacrificar parte de su tiempo y dinero (vv. 34, 35). Es más, pone en peligro su seguridad al socorrer a la víctima en una zona donde los ladrones han estado activos recientemente.
En sus Notas sobre toda la Biblia, Albert Barnes comenta los peligros de viajar por el camino de Jerusalén a Jericó: «El terreno era rocoso y montañoso, y en algunas partes apenas estaba habitado. Por lo tanto, entre las rocas y las fortalezas, ofrecía un lugar conveniente para los salteadores». A continuación, menciona una ocasión en la que Herodes el Grande despidió a 40 000 constructores del templo, ¡muchos de los cuales encontraron un nuevo empleo como ladrones! Es evidente que los oyentes de Jesús comprendieron el riesgo que había asumido el samaritano.
[PQ-HERE]Amar al prójimo
La parábola del buen samaritano es, en realidad, la respuesta de Jesús a la pregunta de un abogado. Como experto en la Ley de Moisés (la Torá), el abogado identificó correctamente los dos principios del Decálogo: amar a Dios y amar al prójimo (v. 27). Pero trató de excusar su prejuicio preguntando: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús, por lo tanto, concluyó su parábola con otra pregunta en el versículo 36: «¿Cuál de estos tres crees que fue prójimo del que cayó en manos de los ladrones?». Obviamente, aquel «que tuvo misericordia de él» (v. 37).
En Mateo 25:31–46, se desarrolla una escena judicial en la que el Hijo del Hombre separa las ovejas de las cabras. ¿Y cuál es el factor decisivo en este tribunal divino? ¡Si el acusado ha amado a su prójimo como a sí mismo! ¿Alimentó al hambriento, vistió al desnudo y acogió al extranjero? ¿Visitó a los enfermos y a los encarcelados? Entonces le espera su recompensa en el cielo.
Las recompensas terrenales esperaban a Ava Donegan en la recepción del 17 de noviembre de 2022. En una ceremonia organizada por la Oficina del Sheriff del condado de Clay, recibió monedas de reconocimiento (que tradicionalmente se entregan a los miembros del departamento por logros especiales) y una beca de 2.000 dólares. «No hace falta decir lo increíble que fue lo que hiciste, sin tener en cuenta tu propia seguridad», dijo la alcaldesa de Excelsior Springs, Sharon Powell. «Siempre serás conocida como una joven valiente que marcó la diferencia».
Pero más importante que los premios —y la ovación de pie que siguió— fue la oportunidad de ayudar a alguien que lo necesitaba. La valiente joven de 17 años dijo: «Sigo pensando que cualquiera lo habría hecho».
Para saber más sobre la parábola del buen samaritano, echa un vistazo al sermón del pastor Doug titulado «El buen samaritano».
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