La «buena pobreza»
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Al menos el 80 % de la población mundial vive con menos de 10 dólares al día. El 40 % más pobre de la población mundial solo representa el 5 % de los ingresos globales. El 20 % más rico acapara tres cuartas partes de los ingresos mundiales. Y, según UNICEF, 22 000 niños mueren cada día a causa de la pobreza. Los niños suelen ser las víctimas silenciosas de la pobreza.
Mueren en silencio en algunas de las aldeas más pobres de la Tierra, lejos de la atención y la conciencia del mundo. Su fragilidad y mansedumbre en vida hacen que estas multitudes moribundas sean aún más invisibles en la muerte. El sarampión, la malaria y la diarrea son las tres principales causas de mortalidad infantil, y todas ellas se pueden prevenir. El VIH/sida ha dejado más de 14 millones de huérfanos; el 92 % de ellos vive en África.
Entonces, ¿cómo pudo Jesús decir: «Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios» (Lucas 6:20)? ¿Acaso Cristo no tiene un corazón para con los pobres, especialmente los niños? Jesús se preocupa profundamente por los desfavorecidos. Dedicó casi todo su ministerio a tender la mano con bondad y amor a los enfermos y moribundos. Entonces, ¿qué quiere decir Cristo cuando dice: «Bienaventurados vosotros los pobres»?
Nuestro Señor no se refiere a la pobreza material, sino a la pobreza espiritual. En otras palabras, el reino de los cielos pertenece a aquellos que reconocen que no hay nada que puedan ofrecer a Dios para asegurarse la salvación, salvo sus manos extendidas. Ni las obras, ni el dinero, ni las peregrinaciones, ni «nada» impresionarán a Dios para que te salve. Cuando nos presentemos ante el Señor, todos seremos «pobres como ratas». Y eso es algo bueno, porque reconocer nuestra gran necesidad espiritual es el primer paso para recibir el don gratuito de la salvación de Dios.