¿Enseña la parábola del hombre rico y Lázaro que, cuando morimos, vamos directamente al cielo o al infierno?
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La historia de Jesús sobre el hombre rico y Lázaro o bien es cierta al pie de la letra o bien es una mera parábola.
He aquí cuatro razones por las que probablemente no debería interpretarse de forma literal:
1. El mendigo murió y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Nadie cree que el seno literal de Abraham sea la morada de los justos fallecidos. Es una expresión figurada.
2. El cielo y el infierno están separados por un abismo, pero los personajes que aparecen aquí conversan entre sí. Pocos teólogos creen que esto pueda ser literalmente cierto (Lucas 16:26).
3. El hombre rico estaba en el infierno con un cuerpo. Tenía ojos, lengua, etc. (Lucas 16:24). ¿Cómo llegó su cuerpo al fuego del infierno? Nadie enseña que los cuerpos de los malvados vayan al infierno tan pronto como mueren.
4. La petición de que Lázaro mojara la punta de su dedo en agua y atravesara las llamas para refrescar la lengua del hombre rico obviamente no es literal. ¿Cuánta humedad quedaría y cuánto alivio proporcionaría?
Sin duda, el hombre rico representaba a los judíos en esta parábola, porque solo un judío rezaría a «padre Abraham». El mendigo simbolizaba a los gentiles, a quienes se consideraba indignos de recibir la verdad. En Mateo 15:27, la mujer cananea reconoció que su pueblo eran mendigos en la mesa de los judíos.
Es posible que Cristo eligiera el nombre de Lázaro porque más tarde resucitaría realmente a Lázaro de entre los muertos. La idea principal de la parábola se encuentra en el versículo 31: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque alguien resucite de entre los muertos». Eso es precisamente lo que ocurrió. Los líderes judíos no creyeron ni siquiera cuando un tal Lázaro resucitó ante ellos.