¿No dice la Biblia que la ley es imperfecta?
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Imagina que le pides a un chico del barrio que te corte todo el césped mientras estás de vacaciones. Él acepta y tú le dices: «Te pagaré cuando vuelva». Más tarde, al llegar a tu casa, ves que el césped delantero está muy bien cortado. Pero cuando entras en el patio trasero, ¡parece un campo de heno descuidado! Cuando el chico se acerca para que le pagues, le señalas el patio trasero. Su mirada culpable te dice que él sabía lo que hacía, pero le pagas la mitad de lo acordado y lo despides.
Ahora imagina que te vas de vacaciones un año después. Llamas a este mismo chico para que te corte el césped. Cuando llega, hacéis otro acuerdo, haciendo hincapié en que debe cortar todo el césped. Él acepta y, esta vez, hace el trabajo completo. Al observar estas dos situaciones, ¿concluirías que el primer acuerdo era defectuoso? No. El chico no cumplió con su parte del trato. El problema no estaba en tu acuerdo, sino en el chico.
El pacto original de Dios con Israel era bueno. Aunque se utiliza la palabra «nuevo» en relación con un segundo pacto, eso no significa que el primero tuviera algún problema. El problema no estaba en el pacto ni en la ley de Dios; el problema estaba en el pueblo. Con el tiempo, se volvieron hacia los ídolos y abandonaron al Señor.
Hebreos dice que el pueblo era el culpable, no el pacto. Pablo explica esto cuando escribe: «Lo que la ley no pudo hacer, por ser débil a causa de la carne, lo hizo Dios al enviar a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, a causa del pecado: y condenó el pecado en la carne, para que el requisito justo de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu» (Romanos 8:3, 4). La ley es perfecta. El problema está en las personas culpables que eligen andar conforme a la carne en lugar de andar conforme al Espíritu.